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Publicando en Lulu

Desde hace unos años, tengo la costumbre de trasladar una selección de las fotografías que tomo al medio impreso. He utilizado varios medios; los servicios de impresión de Apple, Fotoprix, Blurb, y sobretodo, más frecuentemente por la calidad de los mismos, los libros de MyPublisher. Sin embargo, algunos de estos servicios son poco flexibles a la hora de dar forma a los libros.

Me quedaba por probar la calidad de los servicios de impresión de Lulu. Lulu es un servicio orientado a la autoedición y autodistribución de publicaciones por parte de los propios usuarios. No está específicamente orientado hacia la fotografía, pero esta también cabe en el sistema. Lo que hasta ahora no he probado es la calidad que proporciona. Sí me consta que es mucho más flexible respecto a los formatos y las posibilidades de maquetar el trabajo.

He decidido hacer una primera prueba, y he publicado un pequeño porfolio con fotografías en blanco y negro tomadas en el Campo de Concentración de Auschwitz en mis pasadas vacaciones por Polonia. Podéis acceder al mismo en el siguiente enlace.

Como podréis ver, el porfolio se puede descargar en formato PDF de forma gratuita, y se puede comprar también una copia impresa. En esta prueba, el precio que aparece sólo incluye los gastos de impresión. Además hay que añadir los gastos de envío. Yo no me llevo absolutamente nada, aunque podría haber establecido un beneficio comercial para mí. No es cuestión. Yo me gano la vida de otra forma. En un par de semanas espero poder contaros la calidad de la copia impresa. Esta tiene un tamaño aproximado de 21,5 cm x 21,5 cm. Si alguno se anima,… ya me lo contará.

La imagen de hoy, ya os podéis imaginar de donde procede.

Auschwitz-Birkenau - VÃas ferroviarias desde la torre central

(Canon EOS 40D; EF 28/1,8 USM)

Creo recordar que alguna vez he comentado en estas páginas, o en su versión anterior, que si yo hubiese de pertenecer a alguna religión sería al Pastafarismo,

¡Oh, Tallarines que estáis en los cielos!

También en alguna ocasión he mencionado que profesionalmente estoy vinculado al proceloso mundo de la sanidad. Esto conlleva que una de mis fuentes bibliográficas a la hora de ilustrarme como profesional sea PubMed, servicio de bases de datos bibliográficas de la U.S. National Library of Medicine y de los National Institutes of Health, ambos instituciones públicas del otro lado del charco.

Pues hete aquí que he ido a realizar una búsqueda de información sobre un tema de interés profesional, y en la página de inicio de PubMed, me encuentro con la siguiente imagen.

¡Que me aspen si lo que aparece en la esquina superior derecha del recuadro verde no es otra cosa sino una representación iconográfica de Su Santidad Tallarinesca!

Casi me extraña ver un guiño en favor de quienes propugnan la clara diferenciación entre lo que es ciencia y lo que es religión o superstición en un página que depende de la administración federal norteamericana, dominada por los republicanos, tan cerriles ellos a la hora de mezclar churras con merinas. Pero bienvenido sea.

En la imagen de hoy, fieles adoradores de Su Tallarinesca Santidad, loándole en los restaurantes del Rynek Glowny de Cracovia.

Rynek Glowny - Cracovia

(Fujifilm Finepix F10)

Terminan hoy mis vacaciones. La primera y más sustanciosa parte de ellas. Tres semanas repartidas en dos tercios de viaje y un tercio de asuntos domésticos y dolce far niente. La vida contemplativa. Qué bien viene de vez en cuando. Y con la vida contemplativa, la ocasión de leer de forma más reposada.

En estas vacaciones han caídos dos libros; Ciberíada de Stanisław Lem y el anónimo Una mujer en Berlín. Dos libros muy distintos en el género, en el fondo y en la forma.

El primero de ellos me lo llevé de viaje a Polonia. Tengo la costumbre de intentar que la lectura que me llevo a los viajes tenga que ver de una forma u otra con el lugar donde viajo. Y en esta ocasión, la elección recayó sobre Ciberíada, una de las obras más conocidas del más famoso escritor polaco de ciencia ficción, Stanisław Lem. Nos cuenta las aventuras de Trurl y Klapaucio, dos constructores que van recorriendo la galaxia ofreciendo sus servicios por doquier, y metiéndose en unos líos considerables de los que siempre salen más o menos airosos. No es ciencia ficción dura. No hay una plausibilidad científica en las cosas que suceden, aunque refleja un notable interés por la revolución cibernética que el autor supone con buen criterio que está a punto de producirse. El libro, por ponernos en situación, es de 1967, momento en el que todavía no se había desarrollado como hasta el momento el mundo de los ordenadores. También es un libro que reflexiona sobre las virtudes y los defectos del ser humano, y especialmente sobre la búsqueda de la felicidad, eso sí, por medios bastante extravagantes. Es un libro entretenido, siempre y cuando estés dispuesto a admitir variantes imaginativas sobre los trillados caminos de la ciencia ficción.

El segundo libro lo he leído en la última semana. La verdad es que me ha durado poco. Me enganchó. Lo cogí con interés. Una mujer en Berlín es un diario autobiográfico escrito por una editora y periodista alemana entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945 en Berlín, durante la invasión soviética de la capital alemana y las semanas que siguieron al götterdämmerung nazi. El libro se publicó de forma anónima, ya que una de las cuestiones que más marca el contenido del diario es las violaciones repetidas que sufrieron las mujeres alemanas por parte de los soldados del ejército soviético. Entre las mujeres violadas en repetidas ocasiones, la propia autora del libro. Sin embargo, a pesar de la barbarie que nos cuenta, el estilo de la redacción consigue mantenerse relativamente frío. Muy descriptivo. Y evidentemente, la autora se pone de parte de las mujeres que en su conjunto quedan definidas como las auténticas heroínas en la demencia de la guerra. No obstante, permanecer en consideraciones sobre el aspecto más morboso del relato no nos debe confundir. El diario es un estupendo relato de un ambiente y de unos hechos que quizá no han sido contados y difundidos lo suficiente. El miedo a morir, el miedo al hambre, el miedo al otro; todo ello mezclado con ejemplos de solidaridad ciega o interesada. No hay reflexiones de naturaleza política. La autora, que claramente no pertenece al partido nacionalsocialista, no define con claridad su posición política. Simplemente, se limita a ser una observadora de una realidad. La escritura del diario, casi con toda seguridad, le sirve también como escape a la barbarie que la rodea. En general, me parece un libro recomendable.

Con posterioridad a su lectura, he averiguado que la segunda edición en Alemania, de la que es traducción la que yo he leído, sólo se produjo tras la muerte de la autora, que ante la frialdad y las críticas negativas que recibió en su primera edición en los años 50, se negó a que se volviera a publicar en vida. En la actualidad, el libro parece haber tenido una acogida mucho mejor, probablemente porque la distancia sobre los hechos acontecidos, el progresivo mejor papel de la mujer en la sociedad y el cambio en las condiciones políticas lo han permitido. Incluso conocemos ya quién fue la autora. Y como no creo que nada de lo que narra sea un oprobio para su honor, todo lo contrario, diremos quién fue. La periodista alemana Marta Hillers.

Al igual que Berlín quedó destruida por la guerra, también lo fueron muchas de las ciudades que he visitado en mis vacaciones. Afortunadamente, se ha reconstruido con fidelidad partes de sus cascos históricos, para que podamos disfrutar de cómo fueron. Como el bello Rynek de Wrocław, durante la guerra la alemana Breslau, totalmente destruida en los últimos meses del conflicto bélico. Fue una de las últimas ciudades alemanas en rendirse; lo hizo seis días después que Berlín, y sólo un día antes de la rendición incondicional alemana. Alguna de las personas que salen en el libro son refugiados de la región de Silesia, donde se encuentra esta hermosa ciudad.

Rynek - Wroclaw

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

En esta semana he estado todavía de vacaciones. Después de dos semanas de viaje por Polonia, este año he optado como me gusta hacer por disponer de una semanica, unos días, para lo que yo llamo “asuntos domésticos”. Pero todo con tranquilidad. Con calma. Que estoy de vacaciones. Feliz estado que terminará en menos de 48 horas. Así que dentro de ese proceso de tomarse las cosas con calma, tampoco he prestado mucha atención a las noticias.

Por supuesto, los partidos políticos siguen con sus rifirrafes habituales. Discusiones entre ellos y dentro de ellos. Bastante aburridos. Pero cualquier cosa les vale. Una sentencia judicial, una financiación autonómica, una crisis que parece que ya es crisis… Lo dicho. Aburrido.

Y digo que la crisis parece que ya es crisis porque al volver del viaje me encontré con que el Gobierno ya habla de crisis y no usa términos eufemísticos como desaceleración y esas cosas. Un comité de sabios dicen que va a montar para tener soluciones. Mira que le gustan los comités de sabios a Zapatero. Y digo yo, ¿por qué no nombra a personas que sepan en los puestos de responsabilidad del Gobierno y de la Administración Central en lugar de llamar luego a los sabios? No entiendo nada.

Otra de las noticias de la semana ha sido el intercambio de prisioneros/cadáveres entre Hezbollah y el Gobierno de Israel. Dicen las noticias que, tal y como han sucedido las cosas, ha sido una victoria de Hezbollah. Una derrota política de Israel. Sí, claro. Que se lo pregunten a todos aquellos que fueron bombardeados en el Líbano durante la crisis bélica. Es curioso en política cómo se manejan los conceptos de “victoria” y “derrota”. Sigo pensando que si hay una guerra, nadie gana. Y mientras esto no impregne a la sociedad y a los medios de comunicación, será difícil que deje de haber guerras.

La imagen de hoy, una alambrada en el campo de concentración de Auschwitz. Restos de una guerra que algún idiota seguirá creyendo que alguien “ganó” y alguien “perdió”. En mi opinión, una derrota generalizada para la especie humana.

Auschwitz I - Alambres de espinos electrificados

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Gente de mala calidad (2008)

Gente de mala calidad (2008), 17 de julio de 2008.

En los últimos tiempos, ir a ver cine español se ha convertido en un actividad de riesgo. Hace unos años, era una delicia ir a ver cine patrio. Si bien la cantidad no era mucha, era fácil encontrar productos de buena calidad. Buenos actores y actrices, también.

En estos momentos, tengo la impresión de que se ha producido un cierto cambio generacional. Y creo que no ha sido para bien. Se han diversificado los temas, es cierto, pero no necesariamente ha aumentado el interés de las propuestas. Con toda la avalancha de cine de terror que viene del otro lado del charco y de Asia, ¿a qué viene la moda de hacer “pelis de miedo” por aquí, saliendo productos relativamente cutres en comparación? Ya me suelen parecer cutres los de los países con tradición…

Y otra impresión… Hay un nuevo “landismo” en España. El “landismo” fue aquella infumable colección de películas cutres, en los años 70 y 80, muchas veces protagonizadas por Alfredo Landa, en el cual los españolitos aparecíamos como verdaderos cretinos. Pues bien, hoy en día existe un fenómeno similar, basado en actores que se han popularizado en la televisión, y que se suelen caracterizar por hacer de idiotas. El ejemplo más claro es Fernando Tejero. Y a mí, esta sensación de que el cine español, cuando se queda sin ideas, se dedica a tratarnos a los españoles de tontos, nunca me ha gustado. Nada.

En la película que hoy nos ocupa, dirigida por Juan Cavestany, tenemos a algunos representantes del “neolandismo”. La película pretende tener un tono serio. Alterna entre la comedia negra y el drama, sobre un conjunto de personajes, todos ellos clasificables como fracasados o pringados. Desde mi punto de vista es intentar dar un poco de empaque a la idea básica de lo que he definido como “neolandismo”.

Pero desde mi punto de vista, no sale bien. No me siento identificado con este conjunto de personajes, inadaptados sociales con aspecto normal, y que creo que no representan a esta sociedad. Que es mucho más rica y sutil. Incluso en sus estratos más desfavorecidos.

La interpretación… Pues hay gente con capacidad, pero el filme no da para más. Los más dados a la cosa cómica fracasan totalmente al intentar dar un tono de seriedad a sus papeles. Los más solventes se diluyen en la obra coral, cayendo en la mediocridad global.

Hablan de la crisis del cine español. Siempre, las crisis en el cine, tienen un trasfondo como crisis de ideas y de contenidos. Y esto no ha dejado de ser así. Yo a este filme no le doy más de un cinco. Con la misma nota en dirección e interpretación.

Respecto a la imagen de hoy, en la Polonia que he visitado en estas vacaciones he visto elementos socialmente preocupantes. El empleo basura parece estar a la orden del día y, por ejemplo, no son escasas las personas que se dedican a sostener un cartel anunciador en la calle. Como esta que mata el aburrimiento del quehacer leyendo un libro, en las calles de Cracovia.

Empleo basura - Cracovia

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Por fallos constantes en el acceso a IMDb, esta entrada no tiene de momento los correspondientes enlaces a los distintos personajes y películas citadas.

¿Viajes organizados? No, gracias

Me gusta viajar. Es un hecho.

Me gusta la fotografía. Es otro hecho.

Por supuesto, me gusta fotografíar en los viajes. En la medida en que mi limitada capacidad lo permite, intento conseguir alguna imagen propia, personal.

No me gustan los viajes organizados.

¿Alguien se imagina por qué?

Fotografiando la catedral - Cracovia

Fotografiando la Catedral de Cracovia
(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

He vuelto un poco vago del viaje por Polonia. Ya estamos a martes y el tratamiento serio de las fotografías del viaje va lento. Pero ya he abierto la colección correspondiente en Flickr. De momento sólo hay un álbum, correspondiente a Varsovia. Pero a lo largo de la semana irán subiendo otros.

Por otra parte, también he recopilado todas las entradas sobre el viaje en mi página sobre el tema, De viaje con la cámara al hombro, elaborada en Google Pages. Sólo tenéis que seguir el enlace Polonia, desde la página principal, a la cual os podéis dirigir siempre desde el barra lateral de este Cuaderno de ruta.

Ahora, sólo me queda ir terminando el revelado de las imágenes para pasar a obtener el reportaje en papel, que es como mejor se ven las fotografías. De lo más entretenido.

Arcos - Stare Miasto
Recorriendo el Stare Miasto (Ciudad Vieja) de Varsovia
(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

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